No tan negro como lo pintan

Mar Negro

El mar Negro no es negro como usted se imagina. En esta foto de la NASA parece que un ciclópeo desalmado acaba de limpiar un pincel de su acuarela. Desde los cielos se ven torbellinos de turquesas, lapizlázulis, ágatas y esmeraldas, en sus más fantásticas variaciones, que se retuercen en la superficie de este mar tan desgraciado en el nombre como remoto. Es fitoplancton. En variedades aún no soñadas por la paleta del más virtuoso acuarelista, crecen desaforados estos microbios en medio de la lucha titánica entre dos ríos de agua: el dulce que aportan los caudalosos torrentes europeos aliados del Danubio, y el salado, impetuoso Mediterráneo que sopla amargo a través del Bósforo. En un turbulento abrazo fractal, fuerzas vivas y físicas danzan ensortijados valses sinfín sobre el colosal lienzo acuático que les tiende la naturaleza, dejando esos trazos sutiles, complejos y bellos, que sólo los ilusos más inocentes pueden pretender estudiarlos metiendo aquí, allá o acullá, un cubo en el agua.