Dos conocidos y muy inesperados

Homo naledi y Homo sapiens

Desde el pasado mayo y principios de junio la comunidad paleoantropológica no gana para sorpresas. La cuestión insólita de tales eventos consiste en que el revuelo no se debe al descubrimiento inesperado de nuevos restos fósiles, sino en la ubicación temporal de restos fósiles ya conocidos.

En primer lugar, en mayo se publicó una reconstrucción bastante completa del cráneo de Homo naledi; hasta aquí dentro de lo normal. El descubrimiento de H. naledi tuvo un gran impacto hace un par de años, cuando se publicó en la revista e-Life. Este taxón, de dimensiones corporales reducidas (144,5-147,8 cm, 39,7-55,8 kg) y un cráneo que albergaba un cerebro exiguo (560-610 cm3), ligeramente superior al de un australopiteco, presenta como nosotros manos y muñecas adaptadas a la manipulación de objetos, aunque sus falanges son algo más largas y un poco más curvadas que las de los australopitecinos incluso. Por otro lado, pese a que sus extremidades inferiores son también similares a las nuestras, algunas características de la columna vertebral y de la caja torácica recuerdan igualmente a las de los australopitecinos. Inicialmente no fue posible datar los restos de este taxón. En general, los depósitos cársticos suelen presentar grandes problemas a la hora de ser datados y, en este caso, la situación es incluso más complicada, pues aún estando representado por más de 1500 restos de al menos 15 individuos, H. naledi es la única especie que compone la asociación fósil. Sin embargo, acaba de suministrarse una datación del yacimiento entre unos 236.000 y 335.000 años (Dirks et al., 2017). Esto supone, nada menos, que asumir que la morfología de H. habilis s.l. se extiende temporalmente más de un millón de años desde el momento en que se creía desaparecida, hace algo más de un millón y medio de años.

La otra sorpresa viene de Marruecos y nos atañe directamente en tanto que se refiere a Homo sapiens. A principios de los años sesenta del siglo pasado una prospección minera descubrió accidentalmente un yacimiento fosilífero en Jebel Irhoud, al oeste de Marrakech. En él se encontraron numerosos restos fósiles con neurocráneos parecidos al de los neandertales, pero con caras más similares a la de los humanos anatómicamente modernos. A su vez, aparecían numerosas industrias líticas que también recordaban a las herramientas de piedra musterienses, típicas de neandertales. Dado que la edad atribuida a los mismos por aquel entonces era de unos 40.000 años, nadie pensaba que pudieran estar relacionados con nuestra especie. Recordemos que la primera evidencia fósil atribuida a H. sapiens se encuentra en Kibish, Etiopía con una edad de 195.000 años. Además, el primer cráneo bien conservado de un humano anatómicamente moderno (BOU-VP-16/1), localizado en Herto Bouri, también en Etiopía, está datado en unos 160.000 años. Para sorpresa de todos, este junio se ha publicado una datación de los restos de Jebel Irhoud en unos 315.000 años (Richter et al. 2017) y si, como afirman los autores, estos restos pertenecen a los primeros representantes de nuestra especie, ello implicaría llevar atrás nuestros orígenes en unos 100.000 años. Es bien cierto que las comparaciones del ADN humano con el recuperado en los fósiles indicaba que la divergencia entre los humanos modernos, los neandertales euroasiáticos y los denisovanos debía haberse producido en torno a hace medio millón de años; sin embargo, se carecían de evidencias paleontológicas al respecto. Este hallazgo, pues, hace cuadrar mucho más los datos del registro con los suministrados por los estudios genéticos.

Conociendo como es el mundo de la paleoantropología, los nuevos hallazgos van a dar para mucho debate en los próximos años.

Referencias

  1. Dirks et al., 2017. The age of Homo naledi and associated sediments in the Rising Star Cave, South Africa. eLife, 6, e24231.
  2. Richter et al., 2017. The age of the hominin fossils from Jebel Irhoud, Morocco, and the origins of the Middle Stone Age. Nature, 546, 293.