¿Qué hacen aquí estos virus gigantes?: Nuevos aspectos sobre la explicación del origen y evolución de los virus

Los Megavirus son un grupo de virus gigantes que infectan fundamentalmente a amebas y que poseen características únicas en el mundo de los virus. Los viriones tienen tamaños entre 2 y 15 veces mayores que los virus más grandes conocidos, como poxvirus, herpesvirus e iridovirus, y sus genomas contienen de 50 a 250 veces más genes, con grandes proporciones de genes únicos entre los virus, y muchos de ellos con funciones desconocidas. Además, estos virus penetran en las amebas a través de un proceso de fagocitosis sin necesidad de una interacción específica con los receptores celulares, como ocurre en el resto de los virus conocidos. Una importante controversia se ha planteado sobre si estos Megavirus conforman un cuarto brazo del árbol de la vida, aparte de los dominios Bacteria, Archaeae y Eukarya. No se han detectado genes que sean compartidos por todos los Megavirus, y solo cinco grupos principales de virus se ha demostrado que son monofilético.

Cien años después de la «bala mágica»

La exhaustiva utilización de los antimicrobianos antibacterianos en nuestra sociedad ha conllevado el incremento de la prevalencia de cepas bacterianas patógenas en diferentes ambientes, incluyendo el nosocomial. Estas cepas aumentan de forma importante el riesgo sanitario para animales y hombres, así como un incremento en el coste de la aplicación de programas de antibioterapia. En 2016, los Dres. Wencewicz y Shapiro de la Universidad de Washington en Sto. Louis han ideado e implementado una nueva estrategia para el control de las «superbacterias» multirresistentes, consistente en el diseño de antimicrobianos contra determinados factores de virulencia de los patógenos bacterianos. El procedimiento se ha estudiado en los sideróforos (mecanismos de captación de hierro) de un patógeno oportunista Gram-negativo, Acinetobacter baumannii. Aunque solo se ha desarrollado un antimicrobiano antivirulencia contra los sideróforos, hay esperanzadoras perspectivas de que puedan diseñarse nuevos antimicrobianos contra otros factores de virulencia, como por ejemplo, enzimas degradadotas de antibióticos, cápsulas bacterianas, bombas de eflujo, proteínas de adhesión, etc.